Psicólogo para Adolescentes en Almería

Psicólogo para Adolescentes en Almería

Un espacio de orientación y apoyo para afrontar las dificultades propias de la adolescencia y favorecer un desarrollo saludable.

La adolescencia es una etapa de cambios profundos. En pocos años aparecen nuevas responsabilidades, nuevas relaciones, nuevas emociones y preguntas importantes sobre quién se es y qué dirección se quiere dar a la propia vida.

Durante este proceso pueden surgir dificultades como problemas de autoestima, ansiedad, estrés académico, conflictos familiares, inseguridad, aislamiento, falta de motivación o los primeros contactos con el consumo de sustancias. En muchas ocasiones no se trata de que exista un problema grave, sino de que el adolescente necesita herramientas para comprender mejor lo que está viviendo. Cuando los cambios se acumulan y las respuestas no terminan de aparecer, es fácil sentirse perdido o abrumado.
Mi trabajo consiste en ofrecer un espacio donde pueda expresarse con libertad, comprender mejor sus dificultades y desarrollar recursos para afrontar mejor los retos de esta etapa. Al mismo tiempo, cuando resulta necesario, también trabajo con la familia para favorecer la comunicación y la comprensión mutua.
El objetivo no es cambiar quién es el adolescente, sino ayudarle a desarrollar las capacidades que necesita para afrontar esta etapa con mayor confianza, autonomía y bienestar. Porque crecer implica, poco a poco, ir convirtiéndose en protagonista de la propia vida.

Preguntas frecuentes

La adolescencia ya es una etapa muy exigente: no consiste solo en dejar atrás la infancia. En pocos años el adolescente empieza a levantar los pilares de su identidad, su criterio, sus valores y la forma en que quiere relacionarse con el mundo. También empieza a hacerse cargo de responsabilidades que antes recaían en otros.

Si, mientras todo eso está en construcción, aparece un golpe importante —un rechazo, una ruptura, problemas con los amigos, la pérdida de alguien cercano, un conflicto en casa, dificultades en el instituto o la sensación de no encajar—, es fácil que la situación llegue a desbordar. No porque el adolescente sea frágil, sino porque ya estaba sosteniendo muchas cosas a la vez.

En consulta no partimos de cero: el adolescente ya ha intentado seguir adelante como ha podido. Se trata de ordenar esos intentos, conservar lo que ayuda, retirar con cuidado lo que enreda y construir juntos un plan que no lo resuelva todo de golpe, pero que permita empezar por algún sitio.

La confianza es una parte importante del trabajo. Si el adolescente siente que todo lo que diga va a convertirse automáticamente en una conversación con sus padres, es difícil que pueda expresarse con libertad.

Eso no significa dejar a la familia al margen. Habitualmente se pueden compartir con los padres, con el permiso del adolescente, aspectos generales del proceso, necesidades importantes y formas útiles de ayudar.

Si aparece algo que debe ponerse en conocimiento de los padres, siempre que sea posible se busca que sea el propio adolescente quien lo transmita. En esos casos, puedo ayudar a preparar y acompañar esa conversación para evitar malentendidos o situaciones de tensión innecesaria.

Puede ser útil consultar cuando aparecen cambios que preocupan o generan malestar: ansiedad, tristeza, irritabilidad, aislamiento, problemas de autoestima, dificultades con los estudios, conflictos familiares, problemas con los amigos, falta de motivación o sensación de estar perdido.

También puede ser conveniente pedir orientación cuando los padres notan que algo ha cambiado, aunque no sepan exactamente qué ocurre. A veces una llamada de cinco minutos puede bastar para aclarar si conviene pedir cita o si, por el momento, tiene más sentido observar cómo evoluciona la situación.

Depende de la situación, pero el trabajo con adolescentes suele requerir un equilibrio delicado: que el adolescente tenga un espacio propio sin que la familia quede fuera de lo que está ocurriendo.

La adolescencia implica ganar autonomía, diferenciarse y empezar a construir un criterio propio. Por eso es importante que el adolescente pueda sentirse escuchado sin vivir la consulta como un lugar donde otros hablan por él. Al mismo tiempo, los padres siguen teniendo un papel fundamental: no son espectadores, pero tampoco conviene que ocupen todo el espacio.

En cada caso valoraremos cuál es la mejor forma de trabajar: a veces con sesiones individuales, otras con sesiones familiares o con momentos de orientación para los padres.

Es bastante habitual. Algunos adolescentes piden ayuda de forma clara, pero otros llegan con dudas, resistencia o con la sensación de que la consulta es algo que han decidido los adultos.

En esos casos, lo primero no es convencerlo de que “tiene un problema”, sino que pueda comprobar que también será escuchado. No estoy allí para hacer de juez ni para decidir quién tiene razón. Me interesa menos reconstruir los hechos como si fueran un expediente y más comprender cómo está viviendo la situación cada persona.

En la primera cita suelo preguntar al adolescente si prefiere entrar solo o acompañado. También doy a los padres la posibilidad de contar lo que necesiten antes de empezar. La idea es que todas las voces tengan un lugar, sin convertir la consulta en un juicio ni al adolescente en el acusado.

No hace falta llegar con una explicación. A veces los padres notan que algo ha cambiado: el adolescente se encierra más, está más irritable, ha perdido interés por cosas que antes le importaban o parece vivirlo todo con demasiada intensidad.

Otras veces es el propio adolescente quien no sabe muy bien qué le ocurre. Nota que algo no va bien, pero todavía no encuentra la forma de explicarlo. En consulta podemos ir poniendo orden a esa confusión poco a poco, sin forzar respuestas antes de tiempo.

Motivos frecuentes
de consulta

Ansiedad y preocupación excesiva.

Estrés académico.

Dificultades de autoestima.

Inseguridad y sensación de no encajar.

Aislamiento o dificultades en las relaciones sociales.

Problemas con los amigos.

Rupturas o primeras relaciones afectivas difíciles.

Conflictos familiares.

Problemas de comunicación entre padres e hijos.

Irritabilidad, enfado frecuente o cambios bruscos de ánimo.

Falta de motivación.

Dificultades con los estudios o el instituto.

Duelos, pérdidas o cambios importantes.

Primeros contactos con el consumo de sustancias.

Uso problemático de pantallas o redes sociales.

Momentos de confusión sobre la propia identidad, el futuro o la dirección que se quiere tomar.

Psicologo en Almería Javier García
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